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lunes, 12 de octubre de 2009

de: "La Hermandad de la Buena Suerte" de Fernando Savater

Ya era hora, desde luego. Hasta ese momento, el Pinzas estaba francamente descontento de sí mismo. ¡Un sábado soleado, el hipódromo alegremente lleno de candidatos al expolio de la más variada condición y habían transcurrido ya dos carreras sin pescar absolutamente nada! No es que el Pinzas fuese apresurado ni ambicioso, tenía para eso demasiados años de práctica a sus espaldas. El primer mandamiento de su decálogo profesional ordenaba la paciencia por encima de todo. Siempre que lo había transgredido, acabó en la comisaría. ¿Otros mandamientos? Fijar bien el objetivo y familiarizarse con él (hacerse su sombra, en la jerga del Pinzas, hasta el punto de que la cartera del prójimo vigilado llegase a parecerle suya, incluso antes de apoderarse de ella); anticipar la ocasión favorable un minuto antes de que efectivamente se presentara, de tal modo que la mente iniciaba el gesto definitivo anticipándose con visión de futuro al instante de ponerlo en práctica; llegado el momento, actuar con decisión, sin vacilación ni enmienda, siempre una sola vez y no más; si el gesto fracasaba a la primera, renunciar de inmediato, nunca insistir, alejarse discretamente y buscar otro objetivo. Y aguardar: cuanto hiciese falta y hasta un poco más.

Pero incluso siguiendo estas sanas reglas de conducta -así reflexionaba el Pinzas, que siempre mostró inclinación por la consideración general, incluso filosófica, del empeño humano en este mundo hostil-. lo cierto es que solían detenerle a uno. Veamos: él se consideraba sin vanagloria ni falsa humildad entre la gama alta de su gremio. Pues, bueno, aun asó lo normal era que le pillasen al menos una vez cada tres meses. Su récord, establecido precisamente el pasado año, estaba en doscientos quince días operativos sin interrupción legal. Una racha de suerte, para qué engañarse. El período de bonanza normal oscilaba entre noventa y ciento diez. Después, el manido fastidio del calabozo, la inane charla con el juez, el breve paso por algún establecimiento público cuyo funcionamiento conocía desde luego mejor que sus administradores. ¡Merecia la pena ese trasiego? El Pinzas suspiró (aunque sólo mentalmente, porque mientras tanto se desplazaba con diligencia desde las taquillas de apuestas hacia el paddock, así que no era cosa de derrochar aliento) y se dijo que la pregunta adecuada no era ésa, sino más bien esta otra: ¿tengo alguna alternativa fiable, rentable y alcanzable, aquí, ahora y a mi edad? Como tantísimos otros antes que él -profesores de metafísica, banqueros, políticos, grandes generales, esposos y esposas sin alivio, vendedores de electrodomésticos, el mismísimo Héctor dubitativo antes de enfrentarse a su asesino Aquiles-, la respuesta que se volvió a dar el Pinzas fue la misma de siempre, la previsible, la irremediable, la que a fin de cuentas mejor nos arropa: no.


martes, 8 de septiembre de 2009

de "Atonement" por Ian McEwan

"They were safe, Cecilia was with Leon, and she, Briony, was free to wander in the dark and contemplate her extraordinary day. Her childhood had ended, she decided now as she came away from the swimming pool, the moment she tore down her poster. The fairy stories were behind her, and in the space of a few hours she had witnessed mysteries, seen an unspeakable word, interrupted brutal behavior, and by incurring the hatred of an adult whom everyone had trusted, she had become a participant in the drama of life beyond the nursery. All she had to do now was discover the stories, not just the subjects, but a way of unfolding them, that would do justice to her new knowledge. Or did she mean, her wiser grasp of her own ignorance?"

domingo, 26 de julio de 2009

Citas de "El enano" de Pär Lagerkvist

"...Acepto que pueda escuchar un momento a los poetas que recitan sus versos y a los que puede considerarse como bufones, tales como los que siempre han existido en las cortes [...] El hombre necesita ser adulado, de lo contrario no llega a ser lo que debe ser, ni siquiera ante sus propios ojos. [...]Los poetas cantan sobre todo al amor, y en eso tienen razón, porque nada como el amor necesita ser transformado en otra cosa que lo que realmente es."

"El amor es algo que muere. Y cuando muere se pudre, pero puede servir de humus para un nuevo amor. De modo que aquel amor ya muerto continúa viviendo una vida secreta en el nuevo amor, y así nos hallamos con que el amor es inmortal"

"Uno puede contemplarse en un espejo, es verdad, pero a condición de que la imagen de desvanezca cuando uno se aleja, para que ningún extraño pueda captarla"

"En el fondo todos los hombres quieren la guerra, pues ella trae consigo una especie de simplificación que constituye un alivio para el espíritu. Todos los hombres encuentran que la vida es demasiado complicada. Sus formas de vida lo son, ciertamente; pero a vida, en sí misma, no sólo no es complicada, sino que, al contrario, se distingue por su gran simplicidad. Por desgracia no lo entienden así, ni comprenden que mejor sería dejarla tranquila en vez de tratar de utilizarla para mil propósitos extravagantes. De todos modos, sienten que el solo hecho de vivir ya es algo maravilloso."
"El pueblo siempre se siente jubiloso cuando se le ordena; poco le importa el porqué: ahora se imagina que está encantado con las perspectivas de una paz eterna."
"A juzgar por su fisonomía, parecía la encarnación de la amabilidad y de la cortesía, pero la cara de los hombres no es para confiar: es su cuerpo lo que nos revela qué clase de animales son."
"Aunque detesto a los hombres no me gusta verlos envilecidos"


domingo, 28 de junio de 2009

fragmento de "Him Her Him Again The End of Him" de Patricia Marx

Es evidente porqué me llamó la atención esta parte de una novela que parecería "Sex and the City" meets el mundo de la academia.

I can't resist telling you now how much I detested Etienne. He and Obax were polar studies majors. His area was ice thickness; Obax didn't have an area. She thought Etienne was cute and he was - in a Peugeot bicycle kind of way. You'd think that I, of all people, would have been sympathetic to someone enthralled with a guy who nobody considered enthrall-worthy. You'd think, but you'd be wrong.
Soon after Obax met Etienne, she told me she had called her father in Somalia and said, "Daddy, I met the greatest guy and he has a dishwasher!"
"Obax," she said her father had said, "if you are dating a man because he has a dishwasher, I will fly to England and buy you one."
Obax did not tell her father that Etienne was militant about having sex with her three times a day. I don't know if you regard that as a good thing or a bad thing, but I know which side Obax's father would have been on.
Thanks to Etienne, I was morally opposed to marriage. He had todl Obax that the institution was "for seulement le petit bourgeoise." That sounded so smart I repeated it for years. For similar reasons, he was also against train schedules - "just becasuse it is when they go, it is when I go?"...

martes, 10 de marzo de 2009

de "La Neblina del Ayer" Leonardo Padura

-A veces me pongo a pensar... ¿Cuántas cosas nos quitaron, nos prohibieron, nos negaron durante años para adelantar el futuro y para que fuéramos mejores?
-Una pila- dijo Carlos
-¿Y somos mejores? - quiso saber Candito el Rojo.
-Somos distintos: tenemos tres patas o una sola, no sé bien... Lo peor fue que nos quitaron la posibilidad de vivir al ritmo que vivía la gente en el mundo. Para protegernos...
-¿Saben lo que más me jode? -lo interrumpió el Conejo, asomando su dentadura por la puerta de la habitación-. Que nos volaron el sueño de poder ir a París con veinte años, que es cuando es bueno ir a Paris... Ahora se pueden meter a París por el culo y a Bruselas si les queda un hueco.
-¿Qué hubo, Conejo? -lo saludó el Conde y le extendió la botella de ron, luego de servirse a sí mismo.
-Todo el tiempo, todos los días hemos estado viviendo la responsabilidad de un momento histórico. Se empeñaron en obligarnos a ser mejores -dijo el Conejo, pero el Conde negó con la cabeza, casi sin poder contenerse.
-¿Y por qué hay tantos muchachos ahora que quieren ser rastafaris, rockeros, raperos y hasta musulmanes, se visten como si fueran payasos, se maltratan llenándose de argollas y tatuándose hasta los ojos? ¿Por qué hay tantos metiéndose drogas durísimas, tantos que se vuelven putas, chulos, travestis, y usan crusifijos y collares de santerías sin creer ni en el coño de su madre? ¿Por qué hay tantos cínicos que juran por una cosa y creen en otra, y tantos que nada más viven calculando qué se pueden robar para tener dinero sin trabajar demasiado? ¿Por qué hay tantos que quieren irse de aquí?
-Yo tengo un nombre para eso -retomó la batuta el historiador del grupo-: cansancio histórico. De tanto vivir lo excepcional, lo histórico, lo trascendente la gente se cansa y quiere la normalidad. Como no la encuentran, la buscan por el camino de la anormalidad. Quieren parecerse a otros y no a ellos mismos, por eso son rastas, raperos, o lo que sea, y se ponen de drogas hasta aquí... No quieren pertenecer, no quieren ser buenos a la fureza. Sobre todo no quieren parecerse a nosotros, que somos sus padres y unos fracasados de mierda...


martes, 20 de enero de 2009

Pecados Capitales

Hace mucho que no incluyo nada de narrativa, pero felizmente me he topado por casualidad con un encantador blog de prosa doméstica que me arrancó más de una sonrisa. Está firmado por "Sonia", quien se autodenomina una "ama de casa mediocre." Se tratará solo de la narradora, porque en cuanto su autoría, de mediocridad no tiene nada. Les dejo un fragmentillo de una linda historia sobre los Reyes Magos y el link para que puedan seguir:
Sacar provecho de una mentira
Me siento mal. Muy mal.
Hace quince días que vengo mintiendo descaradamente, sosteniendo un engaño y luego otro, representando una parodia, metiéndome, solita, en un lugar de cómplice y partícipe necesario de una farsa en la cual, la sociedad entera está implicada, avalando, incitando y reforzando, estas mentiras colectivas, por las que me estoy dejando llevar y que hoy tanto me angustian.

Pecados Capitales





viernes, 1 de agosto de 2008

from "Extremely Loud and Incredibly Close"

Supongo que el siguiente fragmento sólo hará reír a Mr. Narchi tanto como a mí. Por eso, además de ese, incluyo otro de un autor que me hubiera gustado ser yo. Maldita sea: No nací ni judío, ni neoyorkino, ni talentoso, ni escritor de bestsellers. Al menos puedo rendirle un pequeño homenaje y agradecer al papá de Daniela por habérmelo presentado.

"...I went to my room to get the Collected Shakespeare set that my Grandma bought for me when she found out that I was going to be Yorick [in the school play]."


"...I'd lost "yes" but I still had "no" so if someone asked me, "Are you Thomas?" I would answer "Not no" but then, I lost "no", I went to a tattoo parlor and had YES written onto the palm of my left hand, and NO onto my right palm, what can I say, it hasn't made life wonderful, it's made life possible, when I rub my hands against each other in the middle of winter I am warming myself with the friction of YES and NO, when I clap my hands I am showing my appreciation through the uniting and parting of YES and NO, I signify "book" by peeling open my clapped hands, every book, for me, is the balance of YES and NO, even this one, my last one, especially this one..."

from Extremely Loud and Incredibly Close" by Jonathan Safran Foer

lunes, 30 de junio de 2008

de "El vuelo de la libélula"

..."Mira, querida mía... Hace dos mil años, para ser tolerante bastaba con estar en contra de la aniquilación sistemática de ladrones y criminales. La mayoría de la gente encontraba normal la pena de muerte, la sumisión de las mujeres, la esclavitud, la ley de los religiosos y la del caudillo local. El que proponía que ejecutaran a los ladrones sin torturarlos primero pasaba ya por ser un estíritu tolerante o, para los encargados de mantener el orden, por un loco utopista cuyas ideas progresistas serían la perdición de la sociedad. Hoy, cuando cualquier gilipollas canta las virtudes de la tolerancia, resulata cada vez más difícil ser su abanderado y es imposible distinguirse de la masa moral. Los tolerantes ya no escandalizan a nadie, ya nadie los critica ni los elogia. Antes la tolerancia era una especie de aristocracia de los espíritus más vanguardistas; hoy, en cambio, como se ha popularizado, esos aristócratas, para no perder su posición, tienen que llevar su tolerancia hasta extremos que hace un siglo no habrían ni imaginado. Buscan otros límites, en el sexo, el arte, las drogas, van allí donde estén solos, lejos de los bienpensantes, que marcan el límite que ellos han de traspasar. Necesitan la moral mayoritaria para oponérsele, para gritar <> y sentirse herederos de los que antaño se jugaron la vida combatiéndola. Pero no arriesgan nada, y, además, así ganan más dinero y tienen más fama."
Si había algo que Zora aborrecía más que la intolerancia, era la tolerancia...

Martin Page

miércoles, 12 de marzo de 2008

de "Esta Historia"

por Alessandro Baricco
[...]A veces, no hacemos más que concluir trabajos que habían quedado a medias. Y empezar trabajos que otros terminarán por nosotros. Lo decía mientras seguía caminando, aunque a esas alturas hacía un rato que ya había dejado de saber adónde iba. Llevado por sus involuntarios pasos, había empezado a dar vueltas alrededor de una manzana, porque una forma de inercia prudente, tal vez engendrada por la niebla, lo había impulsado a rechazar, en determinado momento, cruzar la calle. Así, sin darse cuenta siquiera, había girado a la izquierda, siguiendo la orilla de los edificios, y desde allí, prosiguiendo con el giro hacia la izquierda, era como si hubiera encontrado un carril que fuera suyo, un amparo para sus palabros. Cuando acabaron la primera vuelta. Utimo se encontró delante de un escaparate que ya había visto, y que no esperaba volver a ver en su vida. Se quedó estupefacto. Habían caminado sin pensar, como hacen los que se pierden: pero la ciudad los había llevado de nuevo hasta allí, como un perro pastor. Mientras su padre seguía recto, sin dejar pasar el rosario de la sangre y de la tierra, él, al seguirlo, intentó comprender qué era, exactamente, lo que había pasado, y por qué una nadería semejante lo había turbado. Tal vez fuera la niebla, o las historias de su padre, pero se le ocurrió pensar que, de seguir así, durante horas, al final acabarían desapareciendo. Acabarían siendo tragados por sus pasos. Porque, por regla general, caminar es ir sumando pasos, pero lo que ellos estaban haciendo, en aquel lugar, era restarlos, en un cálculo exacto que períodicamente te llevaba al cero. Pensó en la pureza, indiscutible, de ese camino al revés. Y por primera vez, aunque de una manera confusa, intuyó que todo movimiento tiende a la inmovilidad y que sólo es hermoso el caminar que lleva hasta uno mismo.

Unos años después, en el trazado de una pista de aterrizaje, en tierra extranjera, Ultimo haría de esa intuición el diseño consciente de su vida. Por eso mismo, aquella niebla y aquella ciudad, absurdamente ordenada, no podría olvidarlas nunca. En cierta ocasión, cuando se había convertido ya en un hombre solo, incluso pensó en regresar: pero luego las cosas salieron de manera distinta, y fue mejor así. Le habría gustado encontrar el punto de la acera en que su padre, tras cuerenta minutos de recorrido, con un total de once vueltas a la manzana, se había parado de golpe, y levantando la cabeza había hecho una pregunta maravillosa:

-¿Dónde coño hemos ido a parar?

No había una respuesta para aquella pregunta, le contó en cierta ocasión Ultimo a Elizaveta. Y eso era lo maravilloso. ¿Dónde va a parar alguen que durante una hora da vueltas a la manzana? Piénsalo. No hay respuesta.
...

martes, 8 de enero de 2008

Descubriendo la literatura blog

Recomiendo ampliamente leer a Hernán Casciari, un argentino viviendo en Barcelona, que aparentemente ha encontrado en los blogs un lenguaje propio. Mi cuento favorito se llama: La madre de todas las desgracias, y se puede encontrar en Orsai.