"I have not entered her. From the beginning my desire has not taken on that direction, that directedness. Lodging my dry old man's member in that blood-hot sheath makes me think ofacid in milk, ashes in honey, chalk in bread. When I look at her naked body and my own, I find it impossible to believe that once upon a time I imagined the human form as a flower radiating out from a kernel in the loins. These bodies of hers and mine are difuss, gaseous, centreless, at one moment spinning about a vortex here, at another curdling, thickening elsewhere; but often so flat, blank. I know what to do with her no more than a cloud in the sky knows what to do with another"
J. M. Coetzee.
Wainting for the Barbarians
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miércoles, 2 de marzo de 2011
martes, 28 de septiembre de 2010
Brooklyn Follies by Paul Auster
..."Yes, I suppose you could. And you'd wind up regretting it every day for the rest of your life. Don't go there Joyce. Try to roll will the punches. Keep your chin up. Don´t take any wooden nickels. Vote Democtrat in every election. Ride your bike in the park. Dream about my perfect, golden body. Take your vitamins. Drink eight glasses of water a day. Pull for the Mets. Watch a lot of movies. Don't work too hard at your job. Take a trip to Paris with me. Come to the hospital when Rachel has her baby and hold my grandchild in your arms. Brush your teethe after every meal. Don't cross the steet on a red light. Defend the little guy. Stick up for yourself. Remember how beautiful you are. Remember how much I love you. Drink one Scotch on the rocks every day. Breathe deeply. Keep your eyes open. Stay away from fatty foods. Sleep the sleep of the just. Remember how much I love you."
from Brooklyn Follies by Paul Auster
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lunes, 12 de octubre de 2009
de: "La Hermandad de la Buena Suerte" de Fernando Savater
Ya era hora, desde luego. Hasta ese momento, el Pinzas estaba francamente descontento de sí mismo. ¡Un sábado soleado, el hipódromo alegremente lleno de candidatos al expolio de la más variada condición y habían transcurrido ya dos carreras sin pescar absolutamente nada! No es que el Pinzas fuese apresurado ni ambicioso, tenía para eso demasiados años de práctica a sus espaldas. El primer mandamiento de su decálogo profesional ordenaba la paciencia por encima de todo. Siempre que lo había transgredido, acabó en la comisaría. ¿Otros mandamientos? Fijar bien el objetivo y familiarizarse con él (hacerse su sombra, en la jerga del Pinzas, hasta el punto de que la cartera del prójimo vigilado llegase a parecerle suya, incluso antes de apoderarse de ella); anticipar la ocasión favorable un minuto antes de que efectivamente se presentara, de tal modo que la mente iniciaba el gesto definitivo anticipándose con visión de futuro al instante de ponerlo en práctica; llegado el momento, actuar con decisión, sin vacilación ni enmienda, siempre una sola vez y no más; si el gesto fracasaba a la primera, renunciar de inmediato, nunca insistir, alejarse discretamente y buscar otro objetivo. Y aguardar: cuanto hiciese falta y hasta un poco más.
Pero incluso siguiendo estas sanas reglas de conducta -así reflexionaba el Pinzas, que siempre mostró inclinación por la consideración general, incluso filosófica, del empeño humano en este mundo hostil-. lo cierto es que solían detenerle a uno. Veamos: él se consideraba sin vanagloria ni falsa humildad entre la gama alta de su gremio. Pues, bueno, aun asó lo normal era que le pillasen al menos una vez cada tres meses. Su récord, establecido precisamente el pasado año, estaba en doscientos quince días operativos sin interrupción legal. Una racha de suerte, para qué engañarse. El período de bonanza normal oscilaba entre noventa y ciento diez. Después, el manido fastidio del calabozo, la inane charla con el juez, el breve paso por algún establecimiento público cuyo funcionamiento conocía desde luego mejor que sus administradores. ¡Merecia la pena ese trasiego? El Pinzas suspiró (aunque sólo mentalmente, porque mientras tanto se desplazaba con diligencia desde las taquillas de apuestas hacia el paddock, así que no era cosa de derrochar aliento) y se dijo que la pregunta adecuada no era ésa, sino más bien esta otra: ¿tengo alguna alternativa fiable, rentable y alcanzable, aquí, ahora y a mi edad? Como tantísimos otros antes que él -profesores de metafísica, banqueros, políticos, grandes generales, esposos y esposas sin alivio, vendedores de electrodomésticos, el mismísimo Héctor dubitativo antes de enfrentarse a su asesino Aquiles-, la respuesta que se volvió a dar el Pinzas fue la misma de siempre, la previsible, la irremediable, la que a fin de cuentas mejor nos arropa: no.
martes, 8 de septiembre de 2009
de "Atonement" por Ian McEwan
"They were safe, Cecilia was with Leon, and she, Briony, was free to wander in the dark and contemplate her extraordinary day. Her childhood had ended, she decided now as she came away from the swimming pool, the moment she tore down her poster. The fairy stories were behind her, and in the space of a few hours she had witnessed mysteries, seen an unspeakable word, interrupted brutal behavior, and by incurring the hatred of an adult whom everyone had trusted, she had become a participant in the drama of life beyond the nursery. All she had to do now was discover the stories, not just the subjects, but a way of unfolding them, that would do justice to her new knowledge. Or did she mean, her wiser grasp of her own ignorance?"
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domingo, 28 de junio de 2009
fragmento de "Him Her Him Again The End of Him" de Patricia Marx
Es evidente porqué me llamó la atención esta parte de una novela que parecería "Sex and the City" meets el mundo de la academia.
I can't resist telling you now how much I detested Etienne. He and Obax were polar studies majors. His area was ice thickness; Obax didn't have an area. She thought Etienne was cute and he was - in a Peugeot bicycle kind of way. You'd think that I, of all people, would have been sympathetic to someone enthralled with a guy who nobody considered enthrall-worthy. You'd think, but you'd be wrong.
Soon after Obax met Etienne, she told me she had called her father in Somalia and said, "Daddy, I met the greatest guy and he has a dishwasher!"
"Obax," she said her father had said, "if you are dating a man because he has a dishwasher, I will fly to England and buy you one."
Obax did not tell her father that Etienne was militant about having sex with her three times a day. I don't know if you regard that as a good thing or a bad thing, but I know which side Obax's father would have been on.
Thanks to Etienne, I was morally opposed to marriage. He had todl Obax that the institution was "for seulement le petit bourgeoise." That sounded so smart I repeated it for years. For similar reasons, he was also against train schedules - "just becasuse it is when they go, it is when I go?"...
I can't resist telling you now how much I detested Etienne. He and Obax were polar studies majors. His area was ice thickness; Obax didn't have an area. She thought Etienne was cute and he was - in a Peugeot bicycle kind of way. You'd think that I, of all people, would have been sympathetic to someone enthralled with a guy who nobody considered enthrall-worthy. You'd think, but you'd be wrong.
Soon after Obax met Etienne, she told me she had called her father in Somalia and said, "Daddy, I met the greatest guy and he has a dishwasher!"
"Obax," she said her father had said, "if you are dating a man because he has a dishwasher, I will fly to England and buy you one."
Obax did not tell her father that Etienne was militant about having sex with her three times a day. I don't know if you regard that as a good thing or a bad thing, but I know which side Obax's father would have been on.
Thanks to Etienne, I was morally opposed to marriage. He had todl Obax that the institution was "for seulement le petit bourgeoise." That sounded so smart I repeated it for years. For similar reasons, he was also against train schedules - "just becasuse it is when they go, it is when I go?"...
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martes, 10 de marzo de 2009
de "La Neblina del Ayer" Leonardo Padura
-A veces me pongo a pensar... ¿Cuántas cosas nos quitaron, nos prohibieron, nos negaron durante años para adelantar el futuro y para que fuéramos mejores?
-Una pila- dijo Carlos
-¿Y somos mejores? - quiso saber Candito el Rojo.
-Somos distintos: tenemos tres patas o una sola, no sé bien... Lo peor fue que nos quitaron la posibilidad de vivir al ritmo que vivía la gente en el mundo. Para protegernos...
-¿Saben lo que más me jode? -lo interrumpió el Conejo, asomando su dentadura por la puerta de la habitación-. Que nos volaron el sueño de poder ir a París con veinte años, que es cuando es bueno ir a Paris... Ahora se pueden meter a París por el culo y a Bruselas si les queda un hueco.
-¿Qué hubo, Conejo? -lo saludó el Conde y le extendió la botella de ron, luego de servirse a sí mismo.
-Todo el tiempo, todos los días hemos estado viviendo la responsabilidad de un momento histórico. Se empeñaron en obligarnos a ser mejores -dijo el Conejo, pero el Conde negó con la cabeza, casi sin poder contenerse.
-¿Y por qué hay tantos muchachos ahora que quieren ser rastafaris, rockeros, raperos y hasta musulmanes, se visten como si fueran payasos, se maltratan llenándose de argollas y tatuándose hasta los ojos? ¿Por qué hay tantos metiéndose drogas durísimas, tantos que se vuelven putas, chulos, travestis, y usan crusifijos y collares de santerías sin creer ni en el coño de su madre? ¿Por qué hay tantos cínicos que juran por una cosa y creen en otra, y tantos que nada más viven calculando qué se pueden robar para tener dinero sin trabajar demasiado? ¿Por qué hay tantos que quieren irse de aquí?
-Yo tengo un nombre para eso -retomó la batuta el historiador del grupo-: cansancio histórico. De tanto vivir lo excepcional, lo histórico, lo trascendente la gente se cansa y quiere la normalidad. Como no la encuentran, la buscan por el camino de la anormalidad. Quieren parecerse a otros y no a ellos mismos, por eso son rastas, raperos, o lo que sea, y se ponen de drogas hasta aquí... No quieren pertenecer, no quieren ser buenos a la fureza. Sobre todo no quieren parecerse a nosotros, que somos sus padres y unos fracasados de mierda...
-Una pila- dijo Carlos
-¿Y somos mejores? - quiso saber Candito el Rojo.
-Somos distintos: tenemos tres patas o una sola, no sé bien... Lo peor fue que nos quitaron la posibilidad de vivir al ritmo que vivía la gente en el mundo. Para protegernos...
-¿Saben lo que más me jode? -lo interrumpió el Conejo, asomando su dentadura por la puerta de la habitación-. Que nos volaron el sueño de poder ir a París con veinte años, que es cuando es bueno ir a Paris... Ahora se pueden meter a París por el culo y a Bruselas si les queda un hueco.
-¿Qué hubo, Conejo? -lo saludó el Conde y le extendió la botella de ron, luego de servirse a sí mismo.
-Todo el tiempo, todos los días hemos estado viviendo la responsabilidad de un momento histórico. Se empeñaron en obligarnos a ser mejores -dijo el Conejo, pero el Conde negó con la cabeza, casi sin poder contenerse.
-¿Y por qué hay tantos muchachos ahora que quieren ser rastafaris, rockeros, raperos y hasta musulmanes, se visten como si fueran payasos, se maltratan llenándose de argollas y tatuándose hasta los ojos? ¿Por qué hay tantos metiéndose drogas durísimas, tantos que se vuelven putas, chulos, travestis, y usan crusifijos y collares de santerías sin creer ni en el coño de su madre? ¿Por qué hay tantos cínicos que juran por una cosa y creen en otra, y tantos que nada más viven calculando qué se pueden robar para tener dinero sin trabajar demasiado? ¿Por qué hay tantos que quieren irse de aquí?
-Yo tengo un nombre para eso -retomó la batuta el historiador del grupo-: cansancio histórico. De tanto vivir lo excepcional, lo histórico, lo trascendente la gente se cansa y quiere la normalidad. Como no la encuentran, la buscan por el camino de la anormalidad. Quieren parecerse a otros y no a ellos mismos, por eso son rastas, raperos, o lo que sea, y se ponen de drogas hasta aquí... No quieren pertenecer, no quieren ser buenos a la fureza. Sobre todo no quieren parecerse a nosotros, que somos sus padres y unos fracasados de mierda...
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viernes, 1 de agosto de 2008
from "Extremely Loud and Incredibly Close"
Supongo que el siguiente fragmento sólo hará reír a Mr. Narchi tanto como a mí. Por eso, además de ese, incluyo otro de un autor que me hubiera gustado ser yo. Maldita sea: No nací ni judío, ni neoyorkino, ni talentoso, ni escritor de bestsellers. Al menos puedo rendirle un pequeño homenaje y agradecer al papá de Daniela por habérmelo presentado.
"...I went to my room to get the Collected Shakespeare set that my Grandma bought for me when she found out that I was going to be Yorick [in the school play]."
"...I'd lost "yes" but I still had "no" so if someone asked me, "Are you Thomas?" I would answer "Not no" but then, I lost "no", I went to a tattoo parlor and had YES written onto the palm of my left hand, and NO onto my right palm, what can I say, it hasn't made life wonderful, it's made life possible, when I rub my hands against each other in the middle of winter I am warming myself with the friction of YES and NO, when I clap my hands I am showing my appreciation through the uniting and parting of YES and NO, I signify "book" by peeling open my clapped hands, every book, for me, is the balance of YES and NO, even this one, my last one, especially this one..."
from Extremely Loud and Incredibly Close" by Jonathan Safran Foer
"...I went to my room to get the Collected Shakespeare set that my Grandma bought for me when she found out that I was going to be Yorick [in the school play]."
"...I'd lost "yes" but I still had "no" so if someone asked me, "Are you Thomas?" I would answer "Not no" but then, I lost "no", I went to a tattoo parlor and had YES written onto the palm of my left hand, and NO onto my right palm, what can I say, it hasn't made life wonderful, it's made life possible, when I rub my hands against each other in the middle of winter I am warming myself with the friction of YES and NO, when I clap my hands I am showing my appreciation through the uniting and parting of YES and NO, I signify "book" by peeling open my clapped hands, every book, for me, is the balance of YES and NO, even this one, my last one, especially this one..."
from Extremely Loud and Incredibly Close" by Jonathan Safran Foer
lunes, 30 de junio de 2008
de "El vuelo de la libélula"
..."Mira, querida mía... Hace dos mil años, para ser tolerante bastaba con estar en contra de la aniquilación sistemática de ladrones y criminales. La mayoría de la gente encontraba normal la pena de muerte, la sumisión de las mujeres, la esclavitud, la ley de los religiosos y la del caudillo local. El que proponía que ejecutaran a los ladrones sin torturarlos primero pasaba ya por ser un estíritu tolerante o, para los encargados de mantener el orden, por un loco utopista cuyas ideas progresistas serían la perdición de la sociedad. Hoy, cuando cualquier gilipollas canta las virtudes de la tolerancia, resulata cada vez más difícil ser su abanderado y es imposible distinguirse de la masa moral. Los tolerantes ya no escandalizan a nadie, ya nadie los critica ni los elogia. Antes la tolerancia era una especie de aristocracia de los espíritus más vanguardistas; hoy, en cambio, como se ha popularizado, esos aristócratas, para no perder su posición, tienen que llevar su tolerancia hasta extremos que hace un siglo no habrían ni imaginado. Buscan otros límites, en el sexo, el arte, las drogas, van allí donde estén solos, lejos de los bienpensantes, que marcan el límite que ellos han de traspasar. Necesitan la moral mayoritaria para oponérsele, para gritar <> y sentirse herederos de los que antaño se jugaron la vida combatiéndola. Pero no arriesgan nada, y, además, así ganan más dinero y tienen más fama."
Si había algo que Zora aborrecía más que la intolerancia, era la tolerancia...
Martin Page
Si había algo que Zora aborrecía más que la intolerancia, era la tolerancia...
Martin Page
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