miércoles, 23 de enero de 2008

BAR KENTUCKY

Esas horas
dónde la belleza ni es el cánon griego
ni el de Hollywood
ni el de la revista Cosmopolitan
sino lo que hay a mano :
El talón partido
la mueca viuda de algún grito
el aliento inmundo que escolta las confidencias.
“Mira, esta cicatriz me la ha hecho un soldado japonés
y el qui fa això és un porc”.
Se levanta el abrigo
telón de ese cuerpo que hace un acto ya es encore.
Yo no conozco soldados japoneses
ni a su último marido que le puso un ojo negro
ni al mosso d’esquadra que hace un año le quebró como caña el brazo
“Y ahora mira
no puedo subirlo más allá de esta altura”.
Yo no le cuento nada
ni quiero hablar ni me oye.
Jóse saca proporciones pinta a la mujer en un cuaderno
lo viene pintando todo desde que cayó en El Prat el pájaro de Iberia,
pintó un restaurante
un hotel en la Rambla
trazó las líneas de los ojos de Alícia
inventó otras manos para Carme,
Levantó a pluma el par de tetas que bajaba por Aribau.
Las ciudades se escriben o se dibujan
años después se abre el cuaderno
y entonces se miran y se conquistan
y entonces otra vez se fundan:
la ciudad fue
y ahora es tinta
letra
trazo:
el trazo y la letra de la piedra.
La mujer alza el telón
su abrigo
Bar Kentucky,Barcelona, 4.15 A.M., final del siglo,
la mujer sigueme entusiasma la multitud que es este cuerpo,
ahora una costura en la rodilla
y un tasajo en la frente que quiso remendar un médico inexperto
que fue su amante más experto.
Dije adeu a la bella
y al último marido
al médico y al mosso
me despedí al final del soldado japonés.
Salí sin nadie
no sé
si
solo.

Jordi Soler

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1 comentario:

Amaia dijo...

Muy bueno. Yo tambien viaje cada fin de semana a la noche del kentucky.
Un saludo.